El cartel está ahí para todos los padres. Y… no sé por qué, creo que acabo de encontrar un sentido a esta experiencia tan dura.
Comienza así lo que con el tiempo, a veces a paso rápido y otras más lento, según nos lo permitieran los altibajos y caprichos de la enfermedad, se convertiría en un grupo de padres que trabajan para el bienestar de los niños en tratamiento y también del de sus familias.
Nos hemos ido pasando el testigo, relevándonos cuando por distintas circunstancias no podíamos dedicar el tiempo o cuando se acababa nuestro paso por el hospital.
Pronto se hizo evidente que el grupo de padres, al que ya se habían sumado maravillosos voluntarios comprometidos con este proyecto, tenía que consolidarse y tener una organización estable que nos permitiera cumplir nuestros sueños, llegar tan lejos como la imaginación de los niños, ser tan prácticos como los padres muchas veces necesitan, tan rápidos como la demanda de un hermano, invisibles a veces, pero siempre presentes.
Bajo este propósito general de ¨cuidar¨ a los niños y sus familias, hemos ido creando actividades que unas veces han sido únicas, atendiendo a una necesidad puntual y otras se han convertido en parte sustancial de Mil y Una Esperanzas, en su motor.
Desarrollamos nuestra labor en la Unidad de Oncología y Hematología pediátrica del Hospital Universitario.
Pero no solo estamos ahí.